LA RUTA SHAD POR LOS ALPES MARÍTIMOS: EL ESTRENO ALPINO – PARTE 1

Todo motero sueña con disfrutar de los Alpes algún día, con destinos míticos con el Stelvio, Iseran o los Dolomitas. Pero como quiera que un tour alpino un poco completo implica al menos entre una y dos semanas de viaje, os proponemos una alternativa para quienes sólo cuenten con cuatro o cinco días disponibles. Unas jornadas alpinas muy intensas y distintas entre sí.

La ruta SHAD por los Alpes Marítimos

Nos dirigiremos hacia la Costa Azul, para aproximarnos a los denominados Alpes Marítimos. Cargamos las Terra TR40 en la Yamaha Teneré 700 con la que viajamos en esta ocasión, y en marcha. Maletas blandas ideales dado que no buscamos la máxima capacidad de carga (aunque contemos con un máximo de 64 litros entre ambas), sino ligereza y polivalencia en este caso. Y muy seguras al fijarse con llave a su anclaje y contar con doble sistema de cierre que impide la apertura de las alforjas.

DIA 1

Dejando atrás la autopista

Siguiendo la costa del sureste de Francia llegas hasta Aix-en-Provence. Desde donde deberás tomar dirección a la D952. Estarás en una de las carreteras que pasan por las Gorges du Verdon hasta Castellane, unas gargantas espectaculares por sus curvas y vistas.

Seguimos por la N 202 hasta Entrevaux, donde hay un pequeño pero encantador museo dedicado a la historia de la moto. De ahí tomamos dirección norte por la D28 hasta la D30.

                           

Unos pocos kilómetros y llegaremos a la poco conocida villa amurallada de Roubion, en lo alto de un risco que merece mucho la pena visitar. Llegamos a un pequeño hotel de montaña que se sitúa en su minúscula estación de esquí, donde no desmontamos las Terra TR40, sino que sacamos solamente las bolsas interiores en vista de lo tremendamente tranquilo de la zona. Y, por supuesto, disfrutamos de la fantástica raclette que nos preparan para cenar.

 Día 2

El bucle más intenso

A la mañana siguiente desayunamos bien pensando en que nos hemos decidido a afrontar una etapa maratón y completar un bucle de 415 km hasta volver al mismo hotel de Roubion, pero supone unas ocho horas y media de curvas sin cesar. Merece la pena dividir la etapa en dos y disfrutar de los paisajes y de lo visitado. Quien se atreva con ello, en verano cabe todo en un día si no nos bajamos mucho de la moto.

Seguimos por la misma carretera por la que llegamos la noche antes, que pasa a denominarse M30 desde allí, hasta enlazar con la M2205 en Saint-Sauveur-sur-Tinée. De ahí, dirección norte por el valle del río Tinée, río que remontamos hasta llegar a la población de Saint-Étienne-de-Tinée y encontrarnos a pies de todo un coloso entre los montes alpinos, el Col de la Bonette.

                                

La Bonette, un gigante

Nos esperan casi 30 km de ascenso plagados de curvas de todos los radios, un montón de horquillas y muy buen asfalto, hasta llegar a la cota 2.715, y realizar la subida al “extra-bonus” que se construyó expresamente para lograr que este paso fuese al puerto asfaltado más alto del continente, con 2.802 m (y la cima situada en la cota 2.860). ¿Una pequeña trampa? Da lo mismo, llegar a su monolito y sentir toda la mitad este de los Alpes a nuestros pies, no tiene precio.

Cuando comenzamos a descender otros 25 km, con dirección norte, por la zona de la montaña llamada Restefond, el paisaje va cambiando a medida que cruzamos antiguas fortalezas militares, llanos con lagos que pasan helados todo el año salvo el verano, y bosques espectaculares hasta llegar a Jausiers. A la izquierda iríamos a Barcelonette, la población más importante de la zona y sede, a cada final de verano, del Alpes Motofestival, una verdadera fiesta de la moto trail, a la os que invitamos a acudir en la próxima edición y pasar a saludar al equipo de SHAD, pues allí estaremos. Y si quieres plantear que este punto sea la primera mitad de la etapa, al dividirla en dos, es un muy buen sitio para dormir en hoteles, bungalows o campings y disfrutar de su calmado ambiente junto al río.

Castillos por el camino

Pero nosotros seguimos dirección norte por la D900, hasta el desvío a izquierda que enlaza con la D902 (¡no te lo saltes, poco visible!) hasta escalar otro precioso puerto, el Col de Vars. Más bajo y relajado, pero de extraordinario paisaje. Anota: encontrarás gasolineras antes y después de subir al puerto.

No dejamos la misma carretera hasta cruzar Château-Ville-Vieille, desde donde vemos una colina rocosa sobre la que se edificó la fortaleza llamada Château-Queyras. Si tienes tiempo para ello, merece una visita.

Y de ahí, pasado el núcleo urbano de Ville-Vieille, por la D205 hasta escalar otro coloso alpino: el Colle Agnello, con cima a 2.744 m y la frontera entre Francia e Italia justo en la cima. Dos ambientes absolutamente distintos a un costado y otro del punto más alto del paso.

                                                   

En tierras italianas

Ya en Italia, descendemos por la SP251 con unas cuantas horquillas espectaculares al inicio y unas vistas fantásticas después, hasta que llegamos a la villa de Pontechianale, donde vale la pena dar un pequeño paseo por sus estrechas calles y comer en alguno de sus encantadores restaurantes. Seguimos por la misma carretera cruzando el Parque Natural del Monviso hasta Casteldelfino, y por la SP105 hasta Sampeyre.

Al llegar aquí, nos desviamos en un cruce muy cerrado a nuestra derecha para seguir una estrecha carretera que cruza bosques densos, tan remota que te dará la sensación de que te has podido equivocar. Paciencia hasta llegar a una cima, la del Colle Sampeyre, donde suele reinar la niebla.

Las carreteras más duras

Bajamos por la ruta principal hasta la SP335: una secuencia de curvas y horquillas lentas nos harán desembocar en la SP422, hasta la SP113 hacia Marmora. A partir de ahí recomendamos el trazado sólo a los usuarios de una trail, porque está roto, sucio y bacheado, y es muy estrecho. Pero los poco más de diez km de tramo de “tortura” hasta la cima de este puerto, el Colle d’Esischie, desembocan en el cruce que, a la derecha, en kilómetro y medio acaba en la cima del Colle Fauniera, un lugar muy especial, especialmente para los amantes del ciclismo, con una estatua erigida en honor a Marco Pantani.

De nuevo cruzando fronteras

Quince km de impresionante descenso por una carretera que a menudo tiene la anchura de un turismo, y llegamos a la población de Demonte. Ahí, a izquierda por la SS21, la Strada Statale della Maddalena, hasta Vinadio. Si tienes que hacer un alto para café y repostar gasolina es un buen sitio. Giramos hacia el siguiente pueblo, Pratolungo, tomando la SP255 y a por la siguiente maravilla alpina: el Colle della Lombarda, que asciende por un recorrido muy variado y casi siempre solitario hasta la cima, a 2.351 m, que vuelve a ser frontera con Francia.

Ya en terreno galo, el descenso lleva a Isola 2000, una conocida estación de esquí, y un poco más adelante a Isola, el pueblo que le da nombre, por la M97, con otro buen puñado de horquillas de todos los radios en bajada. Y enlazamos una vez más con la M2205: es el inicio del bucle que iniciamos tras los primeros kilómetros tras salir de Roubion, hacia donde volvemos para dormir de nuevo. Pero claro, antes nos ofrecen un entrecotte que nos merecemos sobradamente… Hoy decidimos extraer las Terra TR40 -algo sumamente rápido y sencillo, sin las incómodas correas o hebillas de otros sistemas de alforjas- puesto que toca rápida inspección visual a la moto, repaso a la presión de los neumáticos y engrase de cadena para dejarla lista para el asalto final.

Texto y fotos: Luis Morales

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